Sobre el Taller Literario "Punto Seguido"

Este Taller Literario es coordinado por la escritora Leticia Marconi y tiene lugar en Punta Alta, Prov. de Buenos Aires, Argentina.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Alto, continúen

"A partir de la frase inicial dada, seguir la historia hasta la voz de alto de la coordinadora y pasar en ese mismo instante la hoja al compañero para que continúe la escritura." Esta es la consigna que dio origen a los siguientes textos: 

Una imagen fugaz atravesó el cielo. La luz que despedía iluminó la noche como si de día fuera. Todos salimos de la cocina al patio para ver de qué se trataba. Mi tío divisó a lo lejos una esfera luminosa, enterrada en el terreno lindante. Al grito de “vamos”, luces y más luces de colores y extraños sonidos se desprendieron de esa extraña bola. Sin embargo, no nos producía temor, al contrario, nos envolvía una sensación de paz. Al llegar, observamos una inmensa y perfecta esfera que levitaba a pocos centímetros del suelo. La rodeamos atraídos como polillas encandiladas. No sabíamos qué hacer, nunca habíamos tenido una experiencia como esta. Éramos simples, amábamos las cosas cotidianas y todo lo raro nos asustaba. El tío fue el primero en reaccionar. Con su voz de trueno, sonora, pidió ante todo que nos calmáramos, que nos alejáramos de la bola de fuego y que comenzáramos a imaginar que éramos parte del cosmos.
Cuando todos estábamos fascinados con ese delirio, una sirena nos sorprendió. Los bomberos llegaron corriendo y gritaron: ¡Aléjense! ¡Es un vehículo abandonado que se está incendiando!


Esa mañana había decidido vivir sin pedir permiso a nadie. Hacer solo lo que tuviera ganas. Me preparé un baño de inmersión con la espuma francesa que me había regalado mi madrina y me serví una copa de champaña. ¿A la mañana? ¿En ayunas? ¡¿Por qué no?!, me repetía a mí misma. Después de todo, la vida es una sola y los gustos hay que dárselos mientras dure.
En lo mejor que estaba, tocan el timbre. Decidí dejarlo pasar pero ante la insistencia del inoportuno salí de la bañera con la copa en la mano. Me envolví con una toalla el cuerpo y con otra el cabello. Caminé descalza para sentir la energía de las baldosas de mármol y cuando iba a abrir la puerta se me resbaló la toalla del cuerpo. Del otro lado de la puerta, la cara de estupor del cobrador que venía por la cuota de los bomberos.
En ese momento llegó mi esposo que había bajado del auto.
El pobre cobrador se deshacía en explicaciones mal hilvanadas por los nervios mientras yo trataba de tapar mis vergüenzas con las manos, cosa que no pude hacer porque solo tengo dos.
Cuando recordé que mi marido había regresado, levanté la vista dirigiéndola hacia él y, en ese instante, lo vi tendido sobre el césped recién cortado.
Lo que sigue es un correlato de sucesos desafortunados que unen a una ambulancia, paramédicos, un hospital y dos sortijas abandonadas en la mesa de la sala de internación. 


Autoras: Fabiana, Alicia, Adela, Marta, Susana, Viviana y Daiana.

2 comentarios:

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